CDMX, México; 11 de agosto.- La llamada “bacteria come carne” es el nombre popular de la fascitis necrosante, una infección grave y poco común que destruye rápidamente el tejido blando del cuerpo, como piel, grasa y la fascia que envuelve músculos y vasos sanguíneos.
Esta condición puede ser provocada por distintas bacterias, entre ellas el estreptococo del grupo A (Streptococcus pyogenes), presente de forma habitual en la garganta y la piel, y la Vibrio vulnificus, que habita en aguas marinas cálidas y salobres. Esta última aumenta su presencia entre mayo y octubre y puede proliferar tras huracanes o inundaciones que llevan el agua contaminada tierra adentro.
La infección suele comenzar cuando las bacterias ingresan por una herida, ya sea un corte, raspadura, quemadura, picadura o incisión quirúrgica. En el caso de la Vibrio vulnificus, el contacto de una herida con agua de mar o mariscos crudos, como ostras, también puede transmitirla.
Una vez en el organismo, los microorganismos liberan toxinas que interrumpen el flujo sanguíneo, provocan necrosis y permiten que la infección se extienda en horas o días.
Los síntomas iniciales incluyen enrojecimiento, hinchazón, calor y un dolor intenso desproporcionado al aspecto de la lesión, así como fiebre. En fases avanzadas pueden aparecer ampollas, úlceras, manchas negras y malestar general. Si la infección alcanza la sangre, puede desencadenar sepsis y fallo multiorgánico.
El tratamiento requiere atención hospitalaria inmediata, con antibióticos intravenosos y cirugía de desbridamiento para retirar el tejido dañado. En casos extremos, es necesaria la amputación para salvar la vida del paciente.
El diagnóstico temprano y la acción rápida son esenciales. Cualquier dolor intenso tras una herida debe ser evaluado por un médico sin demora.
OZA